Me gusta verme reflejado
con un cigarro entre los labios
El color de mis ojos
guarda en esencia otras circunstancias,
que son las cavilaciones
de lo que han sido nuevas situaciones.
El canto me tiene más vivo,
y no confundirlo con perdido.
Olvidé el sabor
de la miel, el limón y el vino.
Y con el carnaval
terminé de recobrar
el sentido.
Tiemblo con frecuencia,
aún estando en ausencia
la que embellece la estancia
con su presencia.
Me despiertan mis amigos,
y la guitarra de mi Manuel,
tocando algunos estribillos...
Y es que parecemos grillos,
cantando en cualquier rinconcillo.
Mi abuela ya no escucha bien,
pero en sus ojos de tuna guarda
el brillo del cariño que siempre dió
Vaya dúo de hermanos tengo.
Imaginarme andando solo
hacen plantearmelo un juego.
El que se piensa maldito
es humano, y bendito,
pero lo eléctrico
del temperamento,
le hace verse vestido por defectos.
Pero el tete es más que eso.
Al otro lado tenemos
el que ha sobrevivido
a letales venenos.
Noctámbulo como un búho ciego.
Sabe acariciar con mimo, sereno,
el corazón de la que tiene
entre sus brazos.
Joya del guitarreo.
Titán y titánide
son mis padres,
que mantienen en sus palmas
nuestras vidas, pesados pilares.
Mi madre me brinda el arte,
y disipa mi inocencia.
Vive a contracorriente.
Ejemplo para el que acepta la muerte.
Y mi padre, con su prudencia,
esconde el miedo, y saca fuerzas
de flaqueza.
De tripas corazón.
¿He dicho que son titanes los dos?
Esto me pasa
por examinar demasiado
lo que esconden
los ojos de un marinero.
De boquilla, imaginado.
Pero que después de todo,
el rumbo ha visto hallado.
Vuelvo donde estoy.
¿Qué ha pasado?
El cigarro se me ha apagado.
A.J.P.R.
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