A veces títere
que regala el cariño.
Otras, un cajón lleno de sonajas,
con monedas y serpentinas.
Cae la tarde
sobre un rasgado traje.
Y se pierde lo profundo
entre arrecifes de corales.
Te quiero, y es que te quiero.
Y es que te quiero.
No sé cuantas veces nombrarte.
Me riñen el olivo
y el cántaro frío:
-¿Por qué no te ayudas?
-Por más que os explique
será algo interminable.
-¿Por qué no te animas?
-Por más que os suplique
carmesí será la tarde.
Soledad, tú tan firme.
Y el amor me llenó de cristales...
Me preguntan el olivo
y el cántaro frío:
-¿Dónde los cristales?
-En el arrecife de corales.
Se partió el cántaro
y ardió el olivo.
Ayúdame y anímame.
Viento, llévame contigo.
A.J.P.R.
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